27.7.05

Comiendo chop suey con tortillas

De entre los caprichos culinarios más exóticos, que incluso rebasan nuestra capacidad combinatoria o imaginativa, se encuentran aquellos que retan hasta al sincretismo y toda esa disciplina tan difícil de llevar con rigor, conocida como 'cocina criolla'...

Ya hemos probado con tradicional y crujiente éxito la capacidad que tenemos para abrazar desinteresadamente otros sabores. Una prueba, como algún cronista alguna vez resaltara, era el taco de chicharrón, en el cual nuestra tortilla rodeaba con embeleso a esa piel frita en manteca, haciéndonos notar cuán bien se llevaban el cerdo europeo con el maiz nacional.

Ahora, y para no desentonar ni perder originalidad, me he encontrado con otra combinación audaz: ya sea con un la tortilla hecha rollito o formando esa tan complicada palita (que hace las veces de cuchara comestible), abrazando ahora un buen plato de chop suey de pollo... Paseando la tortilla por el caldillo salado que reboza de arroz blanco. El sabor no me pareció similar a ninguno de los ingredientes por sí solos. Pude percibir el flujo de dos culturas que mezclaban sus orígenes.

La verdad no fue idea mía, tampoco fue el azar. Simplemente llegó al restaurante alguien que creyó que era una buena idea acompañar la botellita de salsa de soya con un tortillero.

Algunas ideas 'de las poco probables' se vuelven famosas, otras lo hacen por ser diferentes o exóticas. Desconozco el derrotero de ésta, pero dudo que trascienda a menos que pongamos una tortillería en la calle de Dolores y agotemos la producción de esos churritos grasientos (que se comen con el aderezo que sabe más bien a catsup), el pan al vapor y las galletas de la suerte.


Ahora que en el futuro podríamos incluir en las tortillas enrolladas el peculiar papelito que dicta la fortuna, haciendo algo así como 'tortillas de la suerte', que lejos de nutrir (pues para eso tenemos el programa 'Oportunidades' [del gobierno de Fox, como dicen en las noticias] o los apoyos del Rayito de Esperanza) nos hagan ser más optimistas en el próximo cotejo de la selección nacional.

12.7.05

Cultura de las palomitas de maíz

Yo tuve un pato de plástico que preparaba palomitas de maíz por medio de aire caliente. Su rostro desenfadado y su prominente cavidad ventral nos hacían las tardes más amenas; bastaba agregar el maíz y la famosa sal aquella que las hacía saber a mantequilla para tener una dotación infantil de esas siempre ociosas rosetas.
Lo malo fue que un día éste dejó de producirlas. No era empacho, fue sólo su 'china' duración: no más de un año. Fue suficiente para registrar el recuerdo y añorar palomitas regurgitadas por tan peculiar palmípedo.

Alguna vez escuché a alguien catalogar culturas: la del maíz, la del trigo, la del arroz, etc. Por supuesto, la nuestra era la del maíz. Viví creyendo que éramos de los países que más le entraban al maíz y que los gringos comían trigo y avena y que por eso estaban más grandotes.

Pues no, ellos -sólo en palomitas de maíz- consumen (y producen) considerablemente más que nosotros.

No podré negar el encanto en las cotufas de maíz, por el simple hecho de pensar en un producto que fue originado por la explosión ultra-rápida de una cápsula endotélica del grosor exacto para resistir la alta presión del agua contenida dentro de sí, que origina blancas y siempre diferentes formas caprichosas, regidas por no sé qué azar tan curioso.


El culto al maíz seguirá siendo nuestro, pero la cultura del maíz es de ellos.

6.7.05

Schlaft niemals zu Dritt, sonst erwacht ihr zu Dritt .[!]

Hundejahre, Günter Grass

(Nunca te acuestes en trío, porque despertarás en trío.)

Tautología a todas luces utilísima para cualquier tipo de osada aproximación.

Por cierto, excelente novela -segunda parte de la trilogía de Danzig-, aunque sea bastante compleja, es sumamente original.